El guión

«A todos nos gustaría nadar y guardar la ropa. En una situación de peligro, por otro lado, debemos arriesgar algo que queramos o tengamos para obtener otra cosa que deseemos o para proteger algo que poseemos – un dilema que intentamos evitar»

El guión Story de Robert McKee

Durante muchos años escuché las historias de mi padre que yo, en mis tiernos años, pensaba que eran todos obras suyas y no un compendio de adaptaciones de libros más pesados a un cuento divertido para un niño que no quería comer.

Y claro, luego mi padre escribía sus cosas, sus historias que nadie nunca durante años querría leer, ni editoriales ni apenas familiares. Y yo, mirándole desde la puerta porque no se me tenía permitido entrar, quería con todas mis fuerzas hacer exáctamente lo mismo.

Qué niño no quiere imitar a su padre.

El niño creció e inventó y escribió, muy mal la mayoría de veces, la relación con su padre fue derivando en un caos autodestructivo que terminó con su suicidio y mi extraña nueva libertad. Lo curioso de todo eso es que no me quedé con lo positivo de todas esas personas que me leyeron y dijeron lo increíble que era. Ni mi madre apoyándome en todo lo que hacía, ni la gente que buscaba para que me diera su crítica. Todas buenas. Nadie me decía que lo hacía tan mal como para dejarlo. Salvo mi padre.

Mi padre era ese tipo de persona que te decía que estaba mal porque la única opción viable era la perfección. Un párrafo estructurado, un ritmo limpio e impecable, una historia profunda y aún así, con todo eso que sabía, con todo lo que escribió, reescribió y volvió a escribir, nadie nunca jamás le gustó lo suficiente como para que valiera la pena.

Y yo, por mi parte, solo quería que mi padre me dijera que lo mío estaba bien. Que era buena historia, joder, no era tan difícil, ¿con doce años cómo querías que escribiese? De verdad era tan complicado no tachar todo de rojo en un escrito al que le había puesto todo mi corazón y dedicación porque quería que te flipara, y digo flipara porque aquella era la época de decirlo. Macho, de verdad, sólo quería que me dijeras que siguiese con mi historia. No buscar en los demás la aprobación que necesitaba de ti.

Curioso es que ahora no me vale ninguna otra crítica que no sea la tuya. Más curioso todavía que ahora estás muerto y es difícil conseguir tu aprobación.

¿Qué me queda entonces? Cómo consigo tirarme al mar, con sus olas como montañas – como decía la abuela de Moana – sin que me importe una mierda la ropa mojada. ¿Cómo querer arriesgar si la única persona a la que quería flipar no lo va a hacer nunca?

Puto cabrón, podrías haber hecho las cosas de otra forma.

5 comentarios sobre “El guión

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